CONDUCIR BAJO LA LLUVIA o el perro que quería ser humano


      La novela "El arte de conducir bajo la lluvia" de Garth Stein cuenta la historia de una familia, o quizá mejor de la familia de Denny, un piloto de carreras que está buscando su oportunidad mientras trabaja en un taller de coches de lujo, y que en su juventud adoptó a Enzo, el perro que el autor ha elegido como voz narrativa en la obra. Al principio el mayor problema sólo parece ser la aparición de una supuesta rival de Enzo, la primero novia y luego esposa de Denny, pero luego la vida da una serie de duros golpes al piloto, que, lejos de rendirse, tendrá que superarlos sin dejar de luchar para adquirir sus derechos como padre frente a la familia que quiere quitarle a su hija, o para demostrar su inocencia ante una falsa acusación de abuso a menores, todo ello en medio de la ruina económica.

     Esta lucha y este saber vivir en los malos tiempos, es lo que llama el autor, a través de Enzo, "el arte de conducir bajo la lluvia", que era una de las especialidades de Denny como piloto de carreras.

     La novela está muy bien contada, con el mérito que siempre se ha de atribuir en una obra escrita en otro idioma a quien ha sabido traducirla con tanto cuidado al nuestro; atrapa con su suspense, nos inunda con su poesía, nos conmueve con su sensibilidad hacia los asuntos del corazón. 


     Y da pie para hablar de muchos y diversos temas del hombre en general, pero sobre todo, de cómo es la sociedad en la actualidad; por eso sería una lectura excelente para que hicieran juntos padres e hijos adolescentes, ya que provocaría hablar de muchas cosas, si es que no han quedado lo bastante claras tras haber sido tratadas indirectamente por Stein.

     El hecho de que sea un perro el que nos cuente la historia de su amo puede parecernos en principio un recurso más propio de la literatura infantil; sin embargo, precedentes como "El coloquio de los perros" de Cervantes nos demuestran todo lo contrario. El perro es el narrador testigo que da a todo el argumento una excelente objetividad sin que vaya en detrimento de la verosimilitud de lo narrado, sino, al contrario, el lector entra a través de los ojos del animal en el mundo del aparentemente frustrado piloto de carreras Denny, obteniéndose así una sensación de realidad impresionante, al mismo tiempo que el observador privilegiado que es la mascota puede ir haciendo comentarios sobre lo que va sucediendo ante su mirada, a modo de exordios filosóficos o conclusiones didácticas, dotando a la historia de una dimensión que va más allá de lo anecdótico, y que la convierte en moralista y simbólica.



     Además Enzo no es un mero sujeto narrativo, es decir, que no sólo existe como voz narradora que cuente lo que le pasa a sus amos, como sí sucedía por ejemplo en la mencionada novela cervantina, sino que aquí Enzo es un personaje en sí mismo, con su propia psicología, sus creencias sobrenaturales, su evolución personal y sus objetivos vitales.

    No es casual que la novela comience con su nacimiento y termine con su fallecimiento, aunque el fallecimiento en es este caso no sea el auténtico final.

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